sábado, 2 de enero de 2016

Historias y leyendas:
LA CULEBRA Y EL LAGARTO

Venía el tío Ñicas por el camino de los Pozos cuando, ¡cuál fue su sorpresa!, descubrió que hacia él se dirigía una culebra persiguiendo a un lagarto a toda velocidad.

Lejos de atender a las mudas peticiones de ayuda del reptil, y con la rapidez de un rayo, Ñicas reaccionó girando sobre sus talones. Emprendió la huida justo delante del lagarto, en una emocionante carrera de igual a igual.

Sin embargo, su asombro fue aún mayor al observar que, aunque él esprintaba tanto como sus delicadas piernas le permitían, el lagarto y la culebra lo adelantaron con la misma facilidad con la que un Mercedes sobrepasa a un Seiscientos.

Ante tal despliegue de velocidad, el hombre volvió a dar media vuelta y corrió en dirección contraria durante un buen rato, dejándonos con la duda de si, al final, la culebra logró dar caza al lagarto.


Historias y leyendas:
EL INGENIO DEL TIO FAUSTO
Cuentan nuestros mayores que, en cierta ocasión, se hallaba el tío Fausto en el juzgado de Alcañices. Esperaba para declarar en uno de los mil pleitos que mantenían el tío Maragato y el tío Sacristán, dos personajes que, al parecer, pasaban la vida entre legajos y tribunales.

Mientras aguardaba, el conserje del juzgado se le acercó y le comentó: —Ese Maragato y ese Sacristán, los del Castro, saben mucho de justicia, ¿verdad?

El tío Fausto, con su característica parsimonia, le respondió: —¡Qué va, hombre! Sabe mucho más Severino.

Extrañado, el conserje replicó: —¿Severino? Pues a ese no lo he visto yo nunca por aquí.

—Por eso, hombre... ¡precisamente por eso! —sentenció el tío Fausto.


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