De esta cantera se extrajo la piedra necesaria para la
construcción de las dos centrales eléctricas del Salto de Castro. La dinamita
fue transformando, de forma progresiva, la imponente masa rocosa de esta
montaña en grandes bloques que, posteriormente, pasaban por una machacadora
hasta convertirse en arena.
Años después, tras el desmantelamiento de las instalaciones
y la marcha de los operarios, descubrimos este enorme pozo de agua permanente,
apto para el baño y convertido hoy en un rincón inesperado del paisaje.
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