sábado, 2 de enero de 2016

La Ramalla fue la fuente donde bebí mis primeros sorbos de agua y disfruté chapoteando con alegría durante mi infancia. Su fondo negro y su agua barrosa aún permanecen en mi memoria recordándome que existen lugares eternos que, aunque desaparezcan físicamente, quedan grabados para siempre en el alma.

Lamentablemente, el caótico desarrollo de los años ochenta la sepultó bajo los escombros de las obras de abastecimiento para las casas del pueblo. Hoy, somos pocos los que recordamos el lugar exacto donde yace enterrada. 

Esta página nace con el propósito de rescatarla del olvido y recuperar su esencia como aquel antiguo punto de encuentro.



Mi pueblo, Castro de Alcañices, se asienta allí donde el Duero deja de ser enteramente hispano para iniciar su andadura fronteriza con Portugal, camino al Atlántico.

Siente una profunda cercanía hacia Paradela, nuestro pueblo hermano al otro lado de “la raya”. Por fin han quedado atrás las décadas en las que vivíamos de espaldas; hoy, esa frontera ya no es un abismo, sino el puente que nos permite recuperar y celebrar nuestra historia compartida.


Su nombre original era Castro Ladrón, pero en la década de 1930 se cambió por considerarse poco afortunado. Hoy, algunos defendemos recuperar esa denominación para restaurar su identidad histórica, aunque popularmente todos lo llamen, simplemente “el Castro”.


Sus tierras siempre fueron poco agradecidas con el sudor derramado; su escasa fertilidad nos obligó a muchos a partir en busca de un futuro mejor. Sin embargo, sus paisajes poseen ese magnetismo único llamado recuerdo, que nos empuja a regresar una y otra vez.


Sus gentes son serias, amables y hospitalarias con el visitante. No obstante, entre ellos mantienen vivas viejas rencillas que solo se aparcan en los duelos y en la alegría de las juergas marcadas por las risas y el buen vino.


A pocos kilómetros se halla el poblado del Salto de Castro con sus dos potentes centrales eléctricas, un lugar alzado sobre terrenos arrebatados a nuestros antepasados. Aquellos hombres se vieron obligados/as a cambiar su modo de vida de forma abrupta, pasando de cabreros a obreros al perder sus zonas de pastoreo.

La lógica humanitaria dictaba que, una vez que esos terrenos dejaran de ser útiles para la nación, regresaran a nuestro pueblo; sin embargo, Iberduero prefirió el expolio antes que devolver la tierra a sus legítimos dueños. ¡Así son las cosas!.


Aunque forma parte del Ayuntamiento de Fonfría, su aspiración histórica ha sido alcanzar la autonomía municipal. Al ser el núcleo que más ingresos genera en el municipio, la gestión de esos recursos, especialmente en tiempos de escasez, se convirtió en un argumento legítimo para respaldar su reivindicación.


Merece la pena visitarlo, especialmente en el mes de julio, cuando los arroyos mantienen el verdor de los valles y las fuentes manan con generosidad, brindando un frescor muy agradable. Entre ellas destacan: la fuente Grande, la Fontanina, la fuente de la Rana, la fuente de las Morales y, por encima de todas, la Fuente Nueva (que, curiosamente, es la más antigua).

Todas ellas servían como punto de encuentro estival; lugares donde se entablaba conversación mientras con el jarro se llenaba el cántaro. Allí, con resignación, se comentaban las penurias de la era, mientras se alimentaba la ilusión por la inminente llegada de las fiestas patronales de Santiago y Santa Ana.

Entre esos rincones teñidos de magia se alzaba también La Ramalla, esa fuente hoy dormida a la que dedico estas líneas.







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Lamento desde el "más allá" do Rei don Dionís do Portugal

Para que me entendáis mejor os voy a parlar en castellano. Yo soy el antiguo Rey Don Dionis, y mi intervención aquí es para deciros que después de más de 707 años aún maldigo el día en el que consentí que el Rey Fernando IV de Castilla se quedara con toda la Comarca de Aliste, y más concretamente con el maravilloso pueblo de Castro Ladrón, que por entonces, allá por el año 1297 así se llamaba y espero que pronto volváis a ponerle su nombre original, pues con Alcañices poco tiene que ver.
No me lo podré perdonar nunca, Portugal sin El Castro nunca fue lo mismo. Me congratula saber que siempre hubo buena sintonía entre las gentes del Castro y las de Paradela. Propongo a las gentes del Castro, una vez que no han conseguido ni formar municipio independiente ni separarse de Fonfría, se planteen la solución definitiva a todos los problemas que vienen arrastrando desde la antigüedad, que se unan a Paradela. Nuestros antepasados comunes estarán de acuerdo y yo podré descansar tranquilo.
fdo. Rey Don Dionis


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Ruta del Castro a Brandilanes por la Riberica

Partiendo de “La Ramalla” en dirección a Paradela, lo primero que te encuentras es la moral de la costica. Este árbol ha crecido entre peñas que dificultaron su desarrollo natural y ha sobrevivido a las viejas heridas de hacha que, a modo de escalones, algunos tallaron en su tronco para alcanzar sus sabrosas moras.


Un poco más abajo se encuentra la Fuente de las Morales. Preciosa fuente de piedra en la que con paciencia y con la ayuda de un lato se llenaban los cubos para regar los huertos de Las Suertes. A escasa distancia se encuentra también la Fuente de la Rana.


Al avanzar un poco más, ya se empieza a intuir la ribera; pero antes, merece la pena acercarse a la caseta de los guardias. Desde allí, podrás contemplar en todo su esplendor la Peña Raposera, el cerro de los Castros y "la puente" que se cruzaba para ir a Paradela.

Una vez en la ribera, podrás beber agua en la Fuente del Cañico y refrescarte en el pozo de las Arquillinas, aquel al que íbamos a quitarnos la muña la víspera de Santiago. 

Aguas arriba, encontrarás las ruinas de un molino y el pozo Garnacho, donde solo se bañan los más expertos debido a su peligrosidad.


Un poco más adelante encontrarás el Molino de Maragato (que aún funciona) cuya zuda merece ser observada; en invierno, impresiona la cantidad de agua que es capaz de almacenar. Antaño, a este molino solo se accedía por el camino del Trampadal, con los burros cargados de costales.



A partir de aquí el camino se complica y los senderos desaparecen; pero si continúas encontrarás el Pozo de las Palomas y la Peña del Grajo, donde siempre cría el “puliblanco". 

Siguiendo ribera arriba por las Fragas, hallarás las ruinas de otro molino hasta llegar al valle de Valdemios donde el terreno vuelve a ser sencillo. A partir de aquí entrarás en tierras de Brandilanes, donde se conservan molinos en mejor estado. Entre ellos destaca, por su grandeza e historia, el Molino de los Tejeros, al que la gente acudía no solo con los burros, sino también con carros cargados de sacos.


A tan solo un paso ya está el pueblo de Brandilanes, donde finaliza la ruta y podrás reponer fuerzas en Casa Caldereto. Para el regreso, puedes optar por el camino de Los Macieses y visitar la Fuente de los Burros, o bien tomar el camino de arriba, que resulta más cómodo aunque algo más anodino.



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La Cantera.

De esta cantera se extrajo la piedra necesaria para la construcción de las dos centrales eléctricas del Salto de Castro. La dinamita fue transformando, de forma progresiva, la imponente masa rocosa de esta montaña en grandes bloques que, posteriormente, pasaban por una machacadora hasta convertirse en arena.

Años después, tras el desmantelamiento de las instalaciones y la marcha de los operarios, descubrimos este enorme pozo de agua permanente, apto para el baño y convertido hoy en un rincón inesperado del paisaje.








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El Salto.

A pocos kilómetros se halla el poblado del Salto de Castro con sus dos potentes centrales eléctricas, un lugar alzado sobre terrenos arrebatados a nuestros antepasados. Aquellos hombres se vieron obligados/as a cambiar su modo de vida de forma abrupta, pasando de cabreros a obreros al perder sus zonas de pastoreo. La lógica humanitaria dictaba que, una vez que esos terrenos dejaran de ser útiles para la nación, regresaran a nuestro pueblo; sin embargo, Iberduero prefirió el expolio antes que devolver la tierra a sus legítimos dueños.





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El Buraco de los Fornicos.

El Buraco de los Fornicos es una cueva natural de origen prehistórico, horadada en el corazón de una gran roca. Se encuentra oculta entre los montes, a orillas del río Duero. Según cuenta la tradición popular, este era el refugio al que acudían nuestros antepasados para disfrutar de su luna de miel; una leyenda que, dicen, dio origen a su singular nombre.







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LA PEÑA DE LA ERA

La Peña de la Era es uno de los símbolos más emblemáticos del Castro. Destaca no solo por su singular estructura de tres grandes rocas superpuestas, sino también por el pequeño carrasco que ha crecido de forma espontánea en su cima. Según cuentan los lugareños, su tamaño se ha mantenido invariable con el paso de los años.

Antiguamente, a su sombra se disfrutaba de la merienda durante los días de trilla. Además, era tradición entre los jóvenes competir para ver quién lograba trepar hasta el arbolillo. Te invitamos a intentarlo, pero no te confíes: llegar arriba no es tan fácil como parece.

Junto a la peña se alza el palomar de Severino, una construcción tradicional rehabilitada por la Junta de Castilla y León en 1999. Esta edificación destaca especialmente por el «postizo» o cuerpo saliente que presenta en su fachada sur, un elemento singular que define su fisonomía.







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Historias y leyendas:
LA CULEBRA Y EL LAGARTO

Venía el tío Ñicas por el camino de los Pozos cuando, ¡cuál fue su sorpresa!, descubrió que hacia él se dirigía una culebra persiguiendo a un lagarto a toda velocidad.

Lejos de atender a las mudas peticiones de ayuda del reptil, y con la rapidez de un rayo, Ñicas reaccionó girando sobre sus talones. Emprendió la huida justo delante del lagarto, en una emocionante carrera de igual a igual.

Sin embargo, su asombro fue aún mayor al observar que, aunque él esprintaba tanto como sus delicadas piernas le permitían, el lagarto y la culebra lo adelantaron con la misma facilidad con la que un Mercedes sobrepasa a un Seiscientos.

Ante tal despliegue de velocidad, el hombre volvió a dar media vuelta y corrió en dirección contraria durante un buen rato, dejándonos con la duda de si, al final, la culebra logró dar caza al lagarto.


Historias y leyendas:
EL INGENIO DEL TIO FAUSTO
Cuentan nuestros mayores que, en cierta ocasión, se hallaba el tío Fausto en el juzgado de Alcañices. Esperaba para declarar en uno de los mil pleitos que mantenían el tío Maragato y el tío Sacristán, dos personajes que, al parecer, pasaban la vida entre legajos y tribunales.

Mientras aguardaba, el conserje del juzgado se le acercó y le comentó: —Ese Maragato y ese Sacristán, los del Castro, saben mucho de justicia, ¿verdad?

El tío Fausto, con su característica parsimonia, le respondió: —¡Qué va, hombre! Sabe mucho más Severino.

Extrañado, el conserje replicó: —¿Severino? Pues a ese no lo he visto yo nunca por aquí.

—Por eso, hombre... ¡precisamente por eso! —sentenció el tío Fausto.


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Recuerdos de infancia


Nuestra infancia transcurrió jugando en la Costica, alrededor de la Ramalla. Disfrutábamos, como los niños que éramos, construyendo presas cuando llovía e imaginábamos que eran molinos a los que llegaban carros cargados de trigo para moler. Vivíamos con emoción las carreras de latos que organizábamos, compitiendo siempre por ver cuál llegaba más lejos, o cuando nos mandaban pelar la hoja de los negrillos para alimentar a los marranos.

Pero hay algo que nunca olvidaré: cuando me subiste a la peña de las Hacicas y una vez arriba, ponías como condición que te dijera que «te quería» para ayudarme a bajar, porque el miedo me tenía completamente atenazado. El tío Paco, que pasaba por allí, estuvo varios años recordándome aquel soniquete: «¿Me quieres?». «¡No!». «Pues no te bajo».

Casi sesenta años después, en lo alto de esa peña han crecido dos carrascos como símbolo de nuestra niñez. Para mí, esa es —y siempre será— la peña del «me quieres».


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Tradiciones y vivencias

Hubo un tiempo en el que la vida transcurría con una lentitud envidiable, adornada por  vivencias que solo se entienden entre vecinos. Aquí dejo algunas de ellas.

Infancia y anécdotas

  • Hacer pipirigallos para los niños
  • Enseñar a los veraneantes a capar chicharras.
  • Que prometieran peruchos a los niños para el día de Santiago.
  • El mal rato que se pasaba cuando una argaña se te clavaba en el cielo de la boca.


Labores y conflictos

  • Meter paja al día siguiente de Santa Ana.
  • Que te cortaran el agua cuando la tenías guiada hacia uno de tus "praos"
  • Que el día Santiago se acabara el agua del grifo
  • El enfado de los vecinos cuando tu burro se acercaba a comer el trigo de su meda.
  • Que se riñera por el agua del arroyo el Caño.
  • Que la gente "amundillara" las tierras para impedir el paso ajeno.


 Tradiciones y cosas que fueron típicas

  • El toque de campanas para llamar a la oración.
  • Las reuniones de los mozos en La Panera.
  • Las caminatas a pie hasta el santuario de La Luz.
  • La feria de Fonfría cada día 22.
  • Ir a Los Castros a ver cómo iba “la puente”.
  • El tradicional partido de fútbol contra Paradela el día de Pascua.
  • La expectación que generaba la llegada de la cosechadora.

 

Gastronomía y campo

  • Comer los melones de los barcegos.
  • Comer “la miel” de los tallos de las zarzas
  • Comer ensaladas de verdolagas en tiempos de la trilla.
  • Comer melujino en el mes de abril.

 

Personajes y vivencias

  • Los monumentales carros de hierba que cargaba Calixto.
  • La recurrente muletilla del tío Maneque: "pues eso".
  • La frase típica del tío Lira: "esto digo".
  • Los relatos y narraciones de Molina.
  • Los ronquidos de "Cayujas" cuando pasabas por su puerta.

Vivencias y recuerdos

  • Aquellas veces en las que el tío Fermín lanzaba caramelos a los niños, recreando la alegría de un bautizo.
  • Los partidos épicos en los Gamonales contra los catalanes que trabajaban en el montaje de los barracones del Salto.
  • El histórico momento en que nos alzamos con el trofeo de fútbol de Sejas de Aliste.
  • Aquella trifulca contra los de Vegalatrave en un partido de fútbol en Fornillos.
  • El día en que el Ché Grande le pegó en la cabeza a Gorila con las tenazas de la lumbre.
  • Aquella noche de juerga en la que unos "artistas" segaron la cebada de la cortina del camposanto. ¡Eso sí eran gamberradas y no las de ahora!
  • El momento en que a "Patino" se le fue la mano y le clavó las guinchas al burro.
  • Cuando Rifero se despeñó con la máquina de segar por la curva de la cantera pa´ bajo.
  • Cuando los guardiñas portugueses nos requisaron los cohetes que traíamos par la boda de Pili y Guille.
  • El día en que la riada se llevó por delante el puente de la rivera, recién estrenado por aquel entonces.

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DIALECTO PARTICULAR

 


¿Sabías que en El Castro la mayoría de los árboles se nombran en femenino? Decimos la manzanal, la peral, la bruñal o la rosal. Tiene todo el sentido del mundo: al igual que las mujeres, ellas son las que dan fruto.



Aquí tienes algunas palabras que usábamos habitualmente; seguro que muy pocas te resultan familiares.

PAJAROS: cucullao, pintasilvos, fuleco, patatroncos, correcarriles, puliblanco.

PLANTAS: zapatona, rebotaina, carnizuelo, achaculos, fuelles, evangelios, verdolagas, melujino, alrabazas, truvisco, cañilero, agavanza, picamouros, chirinchos, magarzas, sarrallas, agatuñas, abrietunas, tozas, carrapitos, bullacos, oquias, rumiacos, toyos, valeas.

APEROS: llares, sobeo, cornal, trasga, cambizo, incesa.

VERBOS: amuntiar, empuntiar, arratar, entoñar, pastiar, encetar, encalcar, abangar, refucir, escachar, encetar, chacollar, cozar, afumar, lanvicar, amampar, amundillar, atollar, chamuciar, encadillar, acochar.

OTRAS: cingüango, monano, lambodes, mengo, cuitao, cosquiñas, mamola, la señorata, torrojones, molledo, hurmiento, bofes, piluetro, gurriato, carcamal, muña, roña, muñica, cascarria, gallinaza, civiaco, changarro, erraña, argaña, barcego.


FRASES CÉLEBRES DE LA GENTE DEL CASTRO

"Burra que pille en la hoja burra que jodo"

" ¡Asovino, dígame!"

"¡Nunca he tenido hermanos, como voy a tener sobrinos!"

"Me encaballo en la máquina y coso que me jodo"


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Lazos por la vida


«Lazos por la vida»: Una caminata convertida en tu eterno testamento, que entrelaza corazones para mantener viva la llama de tu recuerdo.


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